Un parásito es un ser vivo que sobrevive a costa de otro. Normalmente se agarra a su piel y se alimenta de él sin que la víctima pueda hacer nada. Este concepto, aplicado a la arquitectura, ha dado lugar a las casas parásito, aunque su visión no es tan negativa, y ni mucho menos está asociado a la pobreza o la suciedad, sino al estilo de vida moderno.

Pero, ¿qué es una casa parásito? Sencillamente, una vivienda, generalmente muy pequeña, que se construye sobre otra. Una pequeña casa adosada a la pared de un edificio, colgando entre dos muros de un estrecho callejón, o en lo alto del tejado de una fábrica.

En la foto de apertura puedes ver la Oficina Parásito de Za Bor Architects, en Moscú. La que aparece en portada es la Rucksack House, diseñada por el arquitecto Stefan Eberstadt. Cuelga de unos cables sobre una fachada.

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Como vemos, el concepto de edificio parásito no se restringe solo a las viviendas, pues también existen oficinas, almacenes, y trasteros.

Es cierto que la idea surgió debido a los altos precios de la vivienda, la precariedad salarial de los millennials, y el poco espacio de las ciudades. Pero muchos arquitectos han cogido el concepto y lo han aplicado al estilo de vida moderno, en donde la movilidad profesional obliga a mudarse de ciudad a menudo, y la vida digital y el teletrabajo nos permite trabajar en un pequeño espacio o disfrutar del ocio en la pantalla del móvil, o un pequeño portátil.

Una de las últimas que hemos visto es la Casa Parásito de El Sindicato Arquitectura, una pequeña casa de solo 12 metros cuadrados construida en Quito (Ecuador). Es una casa enfocada a la gente con pocos recursos, y pese a su pequeño tamaño puede vivir una pareja.

Tiene baño completo, cocina, cama, espacio de almacenamiento y sala de estar para comer, trabajar o socializar, asegurando todas las comodidades de una vivienda, en un área reducida.

En España también existen casas parásitos. Un ejemplo es el Estudio Oculto construido por Fernando Abellanas, bajo un puente de Valencia.