No solo en época de pandemias es necesario mantener una limpieza diaria del hogar. Evitar que se acumule la suciedad en casa es clave para reducir el riesgo de contraer una enfermedad o incluso alergias.

Pero lo cierto es que la actual crisis sanitaria que asola al planeta ha hecho que el acto de desinfectar estancias y objetos haya cobrado verdadera relevancia.

Junto a lavarse las manos de manera frecuente, mantener una limpieza minuciosa del hogar puede ayudar a minimizar el riesgo de contagio por coronavirus.

A este respecto, los expertos sanitarios avalan el uso de la lejía doméstica para poder eliminar posibles restos de carga vírica de superficies y objetos.

Pero la lejía, junto a otros productos desinfectantes pude conllevar ciertos riesgos si se utiliza sin cuidado.

Para evitar esto, aquí se recopilan una serie de errores y consejos esenciales sobre cómo y cómo no tratar los productos químicos para llevar a cabo la desinfección de tu casa de manera segura.

Manipular la lejía sin utilizar guantes y gafas como protección

Al manipular la lejía debe evitarse cualquier contacto con la piel y con los ojos. Y es que aunque sea de uso habitual, este producto de limpieza es altamente tóxico y puede provocar lesiones oculares graves así como irritación cutánea.

Para ello, es aconsejable llevar guantes y gafas al maneja este producto químico, o cualquier otro que pueda conllevar riesgo de quemadura o irritación.

También es recomendable mantener bien ventilado un espacio mientras se desinfecta. Esto impedirá que se inhalen cantidades peligrosas de vapores tóxicos desprendidos de la lejía.

No diluir la lejía en agua antes de ser utilizada

Para desinfectar la casa con lejía esta debe ser diluida previamente en agua. Lleva a cabo este proceso vistiendo protección (guantes y gafas, como ya se ha indicado) para evitar salpicaduras en ojos o piel.

Siguiendo el consejo de la Comunidad de Madrid, la disolución de lejía debe ser de 1:50. Para prepararla, vierte 20 mililitros de lejía casera en una botella de 1 litro. Después añade agua del grifo hasta llenar el recipiente. Cierra la botella y dale varias vueltas para mezclar.

Opta por diluirla en agua fría, ya que el agua caliente evaporará el cloro, haciendo que el producto ya no desinfecte, según indicaciones de la OCU. Además, al calentarlo se corre mayor riesgo de generar vapores tóxicos.