Desplazada de los planes de corredores turísticos de la Unión Europea, Sicilia ha comenzado su propio plan para recuperarse de la crisis del coronavirus.

La isla, un histórico imperio turístico en el Mediterráneo, ha perdido más de 1.000 millones de euros en la industria desde su clausura el pasado 10 de marzo, por lo que el tiempo apremia para intentar salvar el año y recuperar a los visitantes perdidos en un contexto en el que viajar al extranjero se ha vuelto una de las últimas prioridades de la sociedad. La solución: pagar a los turistas parte de sus costes.

La medida, promovida por el gobierno insular, invertirá 50 millones de euros de las arcas regionales para financiar la mitad de cada billete de avión, un tercio de cada estancia en hoteles y regalar abonos para actividades como museos o sitios arqueológicos, según ha adelantado el diario The Times.

Lo hará por medio de bonos de descuento ubicados en la web Visit Sicily, pero sólo se podrán adquirir una vez el país vuelva a abrir sus fronteras.

Un mal momento para el turismo, pero no sólo

A Italia le ha sobrevenido una de las peores situaciones posibles. No sólo es el segundo país en cifras de muerte por coronavirus —sólo por detrás de Estados Unidos—, sino que una gran parte de su economía proviene, precisamente, del bloqueado turismo. De cada 10 euros que el país se agencia anualmente, 1,3 provienen de este sector, según datos del Observatorio Nacional del Turismo italiano (ONTIT).

A nivel nacional las medidas de reparo no serán tan grandes como las sicilianas, pero sí se están barajando deducciones fiscales a veraneantes. La propuesta, todavía en estudio por las Cortes, podría incluirse en el próximo decreto de estímulos que plantea el Ejecutivo y supondría un alivio de hasta 325 euros por turista.

9 de los pueblos más extraños del mundo

El caso de España la situación no es mucho mejor. El turismo dota al país de más de un 12,3% de su PIB y da trabajo a más de 2,6 millones de personas, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), por lo que la caída económica podría ser mayúscula —más todavía a las puertas de entrada del verano—. No ocurre sólo con los servicios, sino con los transportes que dependen de él.

La semana pasada los Gobiernos de Francia y Países Bajos anunciaron la inyección de 7.000 millones de euros a Air France-KLM para sortear la crisis, pero en España parece que no se ha seguido esta estela. Por su parte, las aerolíneas españolas llevan semanas pidiendo ayuda financiera por el mismo motivo. Iberia, la aerolínea patria de mayor volumen, pidió recientemente 1.000 millones de euros a los bancos para hacer frente al parón aeronáutico impuesto por la pandemia.

Su situación es comprensible, ya que son un tipo de empresas con estrechos márgenes operativos que tienen a prácticamente todos sus aviones parados. Se enfrentan a meses de incertidumbre con sus cajas muy mermadas, lo que les podría llevar a la quiebra en poco tiempo.

*Artículo original publicado en Business Insider