Identificar a funcionarios, asalariados o empleados por cuenta propia suele ser bastante evidente y no ofrece apenas dudas. Sin embargo, dentro de este último grupo existen diversos perfiles y modalidades adaptadas a cada ocupación profesional a veces no tan conocidos o cuyas delimitaciones resultan dispersas.

7 de cada 10 autónomos se plantean cerrar su negocio ante un nuevo confinamiento

Aquí te contamos cuántos tipos de autónomos existen, las peculiaridades más notorias de cada uno de ellos y cuál se amolda mejor a tus características.

Tipos de autónomos

La primera referencia en este ámbito incluye a profesionales muy presentes en la realidad cotidiana. Se trata de los trabajadores autónomos simples: taxistas, transportistas o dueños de pequeños negocios, entre otros. Una peluquería, un taller o aquellos dedicados a la hostelería son ejemplos recurrentes en este campo.

Estos profesionales por cuenta propia cotizan por medio de módulos en régimen de estimación objetiva, que se calcula teniendo en cuenta el número de empleados, las dimensiones del local, etc. De la suma de esos módulos se pueden deducir ciertos gastos que se consideran inevitables.

Dentro de estos autónomos hay una categoría especial para los deportistas y los artistas que cuenta con un régimen particular que no se basa en módulos, sino que toma como referencia una base diaria que depende de la actividad que se desarrolle: televisión, cine, teatro, circo, música, toros, etc.

Empresarios autónomos

El siguiente subapartado lo conforman los empleados por cuenta propia empresarios, es decir, los profesionales que poseen un negocio de cierta dimensión y con trabajadores a su cargo. La ventaja de crear una sociedad es que el empresario puede reducir su factura fiscal, al tributar por beneficios. También permite limitar la responsabilidad exclusivamente al patrimonio de la sociedad. El empresario autónomo suele mantener un porcentaje mayoritario en la empresa y ejerce como administrador. De ahí que esté obligado a cotizar como autónomo.

Algunas empresas pueden tener varios socios, cotizando como autónomos aquellos que tengan el control efectivo directo o indirecto del negocio. La segunda posibilidad se da cuando las acciones o participaciones del empresario supongan al menos un tercio del capital social del negocio o el 25% del mismo si desempeña funciones de gerencia

Autónomos no colegiados

Para saber si encajas en esta categoría debes distinguir entre profesionales y trabajadores autónomos. Los primeros suelen tener estudios superiores, mientras que estas titulaciones no son tan habituales entre los segundos. Si tienes duda, puedes consultar la lista de actividades profesionales del impuesto de actividades económicas (IAE) y comprobar en cuál aparece tu ocupación. Son ingenieros, técnicos, programadores, redactores, pero también traductores, pintores, etc.

Todos ellos suelen quedar bajo el paraguas de la denominación freelance. Además de pagar la cuota a la Seguridad Social, los autónomos no colegiados cotizan en estimación directa simplificada del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), con el que lidian millones de contribuyentes cada año.

Autónomos colegiados

En este caso, son profesiones paradigmáticas: abogados, médicos, arquitectos, farmacéuticos, etc. Lo más frecuente es que coticen a través de las mutualidades de su colegio profesional.

Tanto estos como los anteriores pueden trabajar por cuenta propia o ser propietarios de pequeños negocios, teniendo trabajadores a su cargo y/o un establecimiento abierto al público o no.

Trabajadores autónomos económicamente dependientes

Los también llamados Trade son profesionales que trabajan para un solo cliente, pero sin haber sido contratados y que cobran mediante factura. Si aquel significa el 75% de tus ingresos o más, puedes solicitar que te hagan un contrato como autónomo económicamente dependiente. Esta fórmula posibilita contar con cobertura por incapacidad temporal y con la cotización por accidentes de trabajado y enfermedades profesionales. Eso sí, como Trade, no podrás tener empleados a tu cargo.

Otros autónomos

Además de los ya explicados, hay un ‘cajón de sastre’ con los trabajadores por cuenta propia que no pueden encuadrarse en ninguno de los epígrafes anteriores.

Así, por ejemplo, los autónomos que desarrollan su labor en el campo cuentan con su propio régimen de cotización: el Sistema Especial para Trabajadores por cuenta propia Agrarios (SETA).

También los autónomos colaboradores, que son normalmente cónyuges o familiares hasta el segundo grado de consanguinidad que trabajan de manera habitual con el profesional por cuenta propia principal. Sin olvidar a los partícipes en comunidades de bienes.

Los falsos autónomos

Finalmente, cabe mencionar a los falsos autónomos, que no deben confundirse con los económicamente dependientes. Si bien, como es obvio, no conforman una categoría legal, sí están lamentablemente en la realidad empresarial española.

Básicamente, se trata de un trabajador que mantiene una relación de exclusividad y dependencia con una única empresa de la misma manera que lo haría un empleado al uso, pero sin contar con un contrato como tendría este. Como consecuencia, el empresario se ahorra las cotizaciones a la Seguridad Social, a las que tiene que hacer frente el propio trabajador.

*Artículo original publicado por Javier Moronatti en Business Insider