Educación

¿Quieres que tu hijo tenga éxito en la vida? Enséñale a persuadir

enseñar a persuadir a nuestros hijos

Los niños más exitosos son aquellos que han aprendido el arte de persuadir. Lograr que el resto nos siga contribuye a tener mayores triunfos en la vida. No se trata de manipular, la buena persuasión es hacer ver los beneficios de una opción.

Examinando de cerca la trayectoria de las personas más exitosas se puede apreciar que todas ellas comparten un rasgo en común: el dominio de la persuasión. Y es que es innegable la importancia que conlleva ser capaz de llevar a otras personas a tu terreno.

Es por esto que aprender desde la edad más temprana a persuadir ayuda a lograr un mayor éxito en el futuro. Por lo que expertos recomiendan que enseñar persuasión a nuestros hijos favorece que estos logren mayores triunfos el día de mañana.

Pero cuando hablamos de persuadir no nos referimos a engañar o manipular a las personas, sino a ser capaces de presentar al resto de la manera más efectiva los beneficios de apoyar nuestra causa.

En definitiva ser capaces de construir un discurso lo más atractivo, coherente y lógico posible, que consiga imponerse a los argumentos contrarios y hacer que  todos nos sigan y avalen.

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Si esto se comienza a practicar desde niños podremos llegar a la vida adulta con un pleno dominio del arte de persuadir. Pero, ¿cómo? A continuación te enseñamos cómo puedes hacer que tu hijo tenga éxito en la vida si le enseñas a persuadir:

  •  Empezar con pequeños “logros”. Enseña a tus hijos a concentrarse en primeras afirmaciones o premisas con las que su público estará de acuerdo. Esto produce un efecto duradero de convenio y favorece a un acuerdo mayor al final de la argumentación.
  • Una de las principales herramientas de persuasión que enseñar a tus hijos es indicarles que sus opiniones sean siempre mostradas de manera rotunda. Está comprobado que asumimos la confianza como habilidad y los hablantes más seguros tienen mayores índices de éxito. Deja de empezar un argumento con “yo creo…”. Si piensas que funciona, simplemente, di que funcionará.
  • La velocidad de habla es importante en la argumentación. Enséñales que si su audiencia es posible que este de acuerdo con ellos deberán hablar despacio y reposadamente. Pero si existen posibilidades de que estén en desacuerdo, un discurso expresado rápidamente dará menos tiempo al contrario de preparar su contraargumento.

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  • El buen persuasor tiene en cuenta el proceso de reflexión de su audiencia. Enséñales a tus hijos que no siempre es conveniente pedir un acuerdo o una respuesta de manera inmediata. Es más efectivo dejar que nuestro oyente sienta que tiene tiempo para reflexionar. Sabrá que no solo queremos que este de acuerdo con nosotros sino que se valora su opinión.
  • Un buen consejo para sus hijos es que siempre planteen sus opiniones desde un lado positivo. Deben evitar la violencia o la intimidación. Está más que comprobado que bajo amenazas solo se obtiene rechazo.
  • Algo que conviene enseñar a nuestros hijos para que logren mayor éxito en el futuro es a plantear los dos lados de un problema. Tratar sobre aquello que la audiencia ya podría estar considerando hace que tengamos en cuenta las objeciones que pueden ponernos a mitigar esos problemas y mostrar por qué todavía se tienen razón.
  • Enseña a tus hijos a tener razón, no a decir que la tienen. Las personas persuasivas entienden cómo enmarcar y realizar sus mensajes. Deben aprender a ser claros e ir al grano. Si sus datos, razonamientos y conclusiones son irreprochables, es seguro que podrán llevarse a su terreno a cualquiera.

En definitiva, enseñar a nuestros hijos a ser persuasivos para tener éxito conlleva hacerles ver cómo a la hora de plantear un argumento no vale con decir que se tiene razón y patalear hasta obtenerla. Es reflexionar y ser capaz de mostrar  esa idea de la manera más ordenada y efectiva posible.

Vía | Business Insider

Sobre el autor de este artículo

Cristina Fernández Esteban

Licenciada en periodismo. Entusiasta de la tecnología, la literatura y el café.